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Debería hacerse un manual ciudadano de "cómo acabar con una compañía en 1 lección". El sistema es sencillo, y sin llegar al extremo de Suzy McLeod, una turista que visitó Alicante, y a la que Ryanair, aparte de insultarla, le había cobrado 300€ por emitir 5 tarjetas de embarque a su regreso a Bristol. Mientras supuestamente los organismos oficiales ven qué pueden hacer, está claro que lo más eficaz es que el pasajero, si así lo cree conveniente, utilice las redes sociales, como hoja de reclamación, y diga lo que considera que es un trato denigrante por la compañía, y hacérselo saber a otros. Claro que tambien puede haber el peligro de la arbitrariedad, y para eso se ha de tener criterio propio.
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