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A raíz de este aumento del tráfico e infraestructuras se han incrementado también las necesidades de personal, pero apenas se han creado plazas nuevas. Durante los años de bonanza, AENA ha pedido a los controladores que tenía que trabajaran muchas más horas de las correspondientes, e incluso de las razonables, incentivando económicamente esas jornadas excesivas e incluso felicitando al colectivo por los resultados. Había terminales, pistas y aeropuertos que inaugurar y atender, y era más barato que lo hicieran los que había, aunque cobraran el doble, que contratar a los dos o tres que faltaban, con su seguridad social, etc. Fue AENA quien defraudó al estado, no los controladores. Durante este tiempo los controladores hemos pedido constantemente más personal, y AENA no lo ha contratado. La leyenda del colectivo impidiendo el acceso a la profesión es falsa. Sólo el 10% del colectivo tiene familiares en control, y quien decide si convoca o no, es AENA. Arruinada por esas inversiones -6000 millones de euros en Madrid, 4000 en Barcelona, Málaga, Alicante, hasta los 13000 millones de deuda actual-, y con sus fines políticos ya cumplidos, la empresa sigue necesitando que los controladores trabajen el mismo número exagerado de horas, pero ahora no puede o no quiere pagarlas. Lógicamente el gobierno ha acudido en auxilio de su herramienta política y ha solucionado el problema obligando al colectivo a trabajar ese exceso de horas gratis, bajando además los sueldos entre un 30 y un 70%. Agotado el primer uso político y económico de los aeropuertos pasamos a la segunda fase. La "venta" de las infraestructuras y externalización de la gestión para recuperar la inversión y "hacer caja", dándole además un nuevo uso político ofreciendo la entrada a las autonomías en el negocio. Mientras, los controladores viven una situación de semi-esclavitud, privados de derechos elementales como los permisos de lactancia o reducción de jornada, acosados por la empresa y amenazados de despido, disponibles 365 días al año, 24 horas al día. Ya sea día o noche, fin de semana o festivo. Los controladores Españoles no tenemos ningún derecho porque somos necesarios para mantener el sistema en funcionamiento. La realidad es que han reducido el número de personas por sector. Han aumentado la cantidad de trabajo por controlador. Han reducido el descanso durante el servicio y entre los servicios. Hay quien ha trabajado 28 días de 31 incluyendo días y noches. Se están aplicando a algo tan sensible como el control aéreo y la seguridad, y a un colectivo altamente especializado y escaso, planteamientos de productividad propios de los peores ejemplos de la hostelería o de las fábricas del tercer mundo. Los Españoles hemos ganado el campeonato del mundo, pero hemos perdido todos los derechos y libertades, sociales y laborales que habíamos ganado trabajosamente durante todo el siglo pasado. Debemos ser conscientes que esto abre la puerta a la anulación unilateral e interesada de un convenio colectivo vía Real Decreto, y por lo tanto representa la desaparición del dialogo social. Atentamente, Fígaro
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