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Este es un extracto del informe realizado por uno de los máximos responsables de la seguridad en el transporte aéreo en nuestro país, y que sirvió como defensa en la causa contra un comandante que despachó un avión con 110 personas a bordo con una botella de oxigeno vacía, que sirve para asegurar que los pilotos no pierdan el sentido durante un descenso de emergencia, en contra de lo estipulado en el Reglamento de Circulación Aérea y de la propia MEL (Lista de Equipos Mínimos para despachar un avión) que indica que el oxigeno de cabina de vuelo consta de un solo sistema y que en caso del fallo del mismo no tiene sustitutivo o excepción, con lo cual no puede iniciarse un vuelo si dicha botella no contiene suficiente provisión de oxigeno para el vuelo que debe desarrollarse. Por no hablar de su utilidad para la lucha contra un eventual fuego en cabina, como podrían contarnos (si estuveiran vivos) los pilotos del MD11 de Swissair que en 1998 se estrelló en el atlántico poco después de despegar de Nueva York. Sin embargo el que era por aquel entonces Subdirector General de Transporte Aéreo, Luís Rodríguez, justificó la actuación del comandante, en contra de lo que decía otro informe de un Inspector del Estado, informe que desapareció misteriosamente de la mesa de Rodríguez. Pero no solo Luís Rodríguez se unió a la defensa de la compañía, el jefe de la Delegación de Seguridad en Vuelo nº 7 y ex-Director de Aviación Civil, Fernando Piña (acudío como perito del acusado), también dependiente del Ministerio de Fomento, y los encargados de inspeccionar a la compañía, realizaron un informe para exculpar al comandante en el que dice textualmente que el vuelo “se llevó a cabo sin ningún tipo de imprudencia, con un nivel de seguridad adecuado y suficiente, de acuerdo con los reglamentos y normativa en vigor”. El Juez, a pesar de los tejemanejes del Ministerio de Fomento, lo tuvo claro condenando al comandante “como autor de una falta contra la seguridad de la navegación aérea a la pena de arresto de 10 Días”.
Las compañías aéreas, por la naturaleza de la actividad que desarrollan, han de colocar a algunos pilotos en ciertos puestos directivos muy bien remunerados (Director de Operaciones, Jefe de Seguridad en Vuelo, Jefe de Instrucción…) Tradicionalmente estos cargos eran ocupados por personas que gozaban de gran prestigio profesional y humano entre sus compañeros. En los últimos tiempos, algunas compañías (pequeñas y grandes) vienen instalando en esos puestos de gestión a gente que no goza de gran valía ni reconocimiento profesional, pero está dispuesta a transigir o participar activamente en muchos trágalas que afectan a nuestro transporte aéreo.El comandante referido en este escrito y condenado por la Justicia, era un cargo directivo de la empresa en cuestión, y se fue a volar con un avión que dos de sus compañeros habían rechazado por no llevar oxígeno. Ni siquiera se planteó el arreglo de la avería, simplemente se buscó y encontró a quien estuviese dispuesto a volar en esas condiciones. Fueron los propios pilotos los que denunciaron a través del SEPLA las actuaciones de este comandante y la violación de las normas de seguridad, y se encontraron en frente a la propia administración, lo que demuestra, una vez más, la connivencia de algunos personajes del Ministerio de Fomento con las compañías aéreas. Los dos comandantes que se negaron a realizar el vuelo en esas condiciones, fueron despedidos y en la actualidad no ejercen en ninguna compañía. Otro precedente: el comandante Miguel Angel Gordillo Miguel Angel Gordillo fue despedido por Iberia por no despachar el avión que tenía asignado para cubrir la ruta Jerez-Madrid con una avería en un detector de fuego en el motor, avería que estaba diferida desde hacía dos meses, y que no se había subsanado por los responsables del mantenimiento de la compañía. La Sentencia, hecha pública el 27 de junio, reconoce explícitamente la persistencia del fallo (que lejos de ser reparado, se prolongó desde el 17 de noviembre hasta el 13 de enero por parte de Mantenimiento de Iberia, recurriendo a la figura del parte de diferido) y juzga el modo de actuar del piloto como irreprochable, en contraste con el severo análisis que dedica al comportamiento demostrado por la empresa. En esta ocasión, de nuevo, el Ministerio de Fomento miró otra vez hacía otro lado, y a pesar de que la sentencia fue favorable para el comandante Gordillo, el despido fue declarado improcedente y no nulo. La compañía Iberia optó por indemnizar al comandante, que a día de hoy sigue en el paro. Gordillo está en la calle por intentar hacer honestamente su trabajo, al negarse a comenzar un vuelo sin que los servicios técnicos de Iberia contestasen a varias anotaciones sobre diferentes averías en el libro técnico del aparato. Muchas de las incidencias que notifican los pilotos, desaparecen en el entramado del Ministerio de Fomento, gracias a estos personajes oscuros, como Luís Rodríguez, que en vez de trabajar para la sociedad, que es a quien se deben, parecen estar en plena connivencia con las compañías aéreas. No es de extrañar, que muchos de estos altos cargos del Ministerio de Fomento acaben jubilándose en las mismas compañías aéreas a las que teóricamente tienen que inspeccionar. El Ministro de Fomento y la Secretaria de Estado para el transporte, tienen que hacer algo al respecto, porque si no, nunca tendremos confianza en el sistema, con las consecuencias que puede conllevar en<
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